Capítulo V:
Se despertó en su habitación. Miró el reloj; las dos de la tarde. Se incorporó y de repente se le vinieron a la cabeza los sucesos producidos la noche anterior, intentaba recordar cómo había llegado hasta allí, ya que su último recuerdo era que estaba excavando cuando algo se acercó a él. Bajó las escaleras para ir a la cocina a comer algo, cuando llego, pegada en la nevera con un imán había una nota: 'Tienes la comida en la nevera, nosotros volveremos por la tarde, te quiero'. No había duda de que era la letra de su tía. Cogió la nota, la arrugó y la tiró a la basura, al parecer no iba a ver nadie en casa en todo el día, para él era algo normal quedarse solo en casa, sus tíos infinidad de veces se iban por la mañana sin decirle nada y no volvían hasta por la tarde. Se calentó la comida y se lo subió al desván; era muy persistente y tenía la esperanza de encontrar algo, alguna pista que le llevara a resolver aquel misterio en el que, sin quererlo, se vio envuelto. Tenía la ventaja de que podría salir y entrar de la casa cuando le viniese en gana sin tener que responder a los incómodos interrogatorios de su tía.
Ya en el desván, esta vez optó por mirar algunos objetos personales que allí se encontraba, destapó la sábana que los cubría. Eran muebles, simplemente muebles antiguos. En el fondo se sintió decepcionado, pero no se rindió. Decidió hacer una visita a Julia, cuando llegó, llamó a la puerta y la amable señora le abrió en seguida, le invitó a pasar al salón, una vez allí, le dijo que se sentara y le preguntó el motivo de su visita; el muchacho le contó lo ocurrido en el cementerio.
-¡Te dije que no te metieras! Te lo advertí Daniel -dijo la anciana interrumpiéndole en su relato- Esto no es ningún juego de detectives para que andes hurgando, ya te dije que yo intentaría saber algo más.
- Ah, si.. Por cierto.. ¿Habló usted con aquella amiga suya que me comentó?
-No, lo siento, no tuve tiempo, ahora muchacho, márchate.
Y cuando Daniel se quiso dar cuenta ya estaba en la puerta para disponerse a salir casi a patadas de aquella casa. Cuando hubo salido una duda más se le atravesó en la cabeza, más que una duda, era una realidad: Julia sabía algo. Normalmente era una señora de carácter tranquilo y amable, pero notó en su tono de voz cierta hostilidad hacía él, hacia la pregunta que le había formulado. Una cosa tenía muy clara, la próxima vez que la anciana saliese de casa, él se colaría dentro sin ser visto y descubriría que estaba tramando o que era lo que ocultaba. No sería una tarea muy complicada saber cuándo saldría de casa, ya que todos los jueves por la mañana se iba a la peluquería y no volvía hasta el mediodía, solo era cuestión de esperar, entrar rápidamente, buscar algo, lo que sea, para descubrir sus intenciones y salir.
Una cosa no había pensado hasta el mismo jueves por la mañana: la manera de entrar. Aquel día se levantó muy temprano y se dispuso a mirar por la ventana de su habitación esperando a que dieran las diez menos cuarto de la mañana para que la anciana saliese de casa, mientras esperaba, se puso a pensar en como entraría en la casa sin levantar sospechas y calló en la cuenta de que había visto más de una vez a Julia metiendo algo debajo del felpudo de la entrada, por lógica tendría que ser una llave. Por fin, llegó la esperada hora, como cada jueves, la anciana salió de su casa a las diez menos cuarto en dirección a la peluquería. Cuando hubo doblado la esquina, salió rápidamente de su casa dirigiéndose a la de su vecina, miró debajo del felpudo, como el suponía, había una llave, la metió en la cerradura y abrió la puerta. Podía notar como aumentaba a pasos agigantados la adrenalina en su cuerpo mientras entraba en la casa y cerraba la puerta tras él. Encontró las escaleras que llevaban al sótano, estuvo algunos segundos algo indeciso, pero las ganas de saber la verdad y la intriga le arrastraban escaleras abajo. Bajó las escaleras llegando al sótano, lo cual, le produjo un fuerte impacto. Había estanterías y estanterías llenas de libros de todos los colores y tamaños, las paredes estaban sin terminar, como en ladrillo o en piedra, era un lugar un poco oscuro, ya que apenas había la luz que desprendía dos velas situadas en una mesa que había en el centro de la habitación. Encima de la mesa había varios libros abiertos entre ellos el suyo, el que le había dado días atrás, ojeó los demás libros, eran muy similares al suyo. Todo iba encajando, tal fue su impresión que sin darse cuenta pensó en voz alta con un hilo de voz.
-Julia... Es la hechicera de su propia historia..
Unos irónicos aplausos sonaron detrás de él.
-Muy bien Daniel, eres un chico muy listo.
Daniel, alzó la cabeza y se giró lentamente con una expresión de miedo en la cara que nunca antes había experimentado. Cuando se hubo girado completamente, la expresión de su cara empeoró notablemente.
me a encantado!!
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