viernes, 19 de julio de 2013

Capítulo IV:

No podía quedarse sentado encima de su cama esperando a que algo ocurriera,  tenía que intervenir de algún modo, ese espíritu aventurero del que disponía le obligaba a intentar descubrir algo por su cuenta. Por la noche, después de cenar, subió al desván de nuevo para poder averiguar algo más sobre la familia Garrido. Rebusco otra vez entre las pertenencias de los antiguos inquilinos, sabía que la anciana no le había contado toda la verdad y que en esta situación no podría fiarse de nadie que no fuera él mismo. Cogió los álbumes de fotos familiar y las observó otra vez detenidamente hasta que pudo memorizar las expresiones de la cara de cada uno de los miembros de aquella familia en cada una de las fotografías, después de esto, esperó a que sus tíos se durmieran y en silencio bajó hasta su habitación, cogió una linterna que le habían regalado sus tíos por su cumpleaños y salió de casa dirigiéndose al cementerio, si Julia, la anciana a la que esa tarde había visitado, no le había engañado, como murieron en el pueblo lo más lógico sería que los enterraran en el pueblo.
Cuando llegó al cementerio, que se encontraba a las afueras de aquel pueblecito, se bajó del skate, encendió la linterna y anduvo entre las lapidas, despacio y sin hacer ruido, como si no quisiese molestar a nadie. Anduvo entre filas y filas de lápidas hasta que, por fin, llena de musgo, hojas secas y ramas, se encontraba una única lapida grande de piedra, donde podía leerse: 'Familia Garrido. Año 1961'.
Le pareció extraño que no pusiese algo referente a la familia o que simplemente les metieran a todos en una misma tumba, ni el propio Daniel sabría explicar lo que se le paso por la cabeza para hacer lo que pensaba hacer. Buscó una pala, aquello era un cementerio, tendría que haber alguna pala por fuerza en alguna parte, en un rincón, algo oxidada y vieja, encontró lo que buscaba; volvió al sitio donde se encontraba la tumba y comenzó a excavar. En el momento que la punta de la pala tocó la tierra, un escalofrío le recorrió desde la espalda hasta la nuca, sin poner mucha importancia procedió a cavar, un fuerte viento se levanto de repente, y con el, un leve susurro: 'Para..Para'. El corazón le latía a mil por hora, intentó tragar saliva pero no pudo, tenía la boca seca, miles de pensamientos se cruzaban en su cabeza, miraba a todos lados intentando hallar el origen de aquel susurro, se percató de que no estaba solo, había una sombra que se movía en la penumbra, se acercaba, pero cuando quiso salir corriendo, fue demasiado tarde. Un grito ahogado emergió del cementerio aquella noche.

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