Capitulo II
Los rayos de sol que se filtraban a través de las cortinas le despertaron, era una bonita mañana de verano que prometía ofrecer mucho calor a los habitantes de aquel pueblecito. Daniel, cuando hubo dado dos o tres vueltas en la cama, se dispuso a levantarse: se incorporó, puso los pies en el suelo, bostezó a la vez que se rascaba la cabeza y se levantó. Fue hasta la ventana, corrió las cortinas y se disponía a mirar por ellas cuando un fugaz recuerdo le paso por la mente, rápidamente miró hacia el cajón donde se hayaba el libro que el día anterior había cogido del desván. Abrió el cajón y allí estaba el libro, exactamente donde lo había dejado por la noche; se podría decir que fue la curiosidad por lo desconocido lo que le llevo a abrirlo, pero esta vez, por el contrario, en vez de empezar por la mitad iba a empezar por el principio y a leer una y cada una de las páginas que contenía. Las primeras páginas eran conjuros sobre como resucitar a muertos; Daniel, por un instante, pensó que si recitaba alguno de esos conjuros sus padres volverían, así que escogió uno al azahar y empezó a leer en voz baja: -Qui mortuus est in eodem loco tibi est ad vitam, et revertetur corpus tuum anima tua venit de monumento, et habitet in te qui.- De pronto la puerta se abrió de golpe, lo que hizo que se sobresaltase de tal forma, que se le cayera el libro de las manos.
-¡Daniel! Te llevo llamando desde hace un cuarto de hora ¿Cuándo piensas bajar a desayunar?
-No te he escuchado tía, lo siento, ahora mismo bajo.
-Escuchas lo que quieres, antes de desayunar ve al baño a lavarte la cara hombre, a ver si así te espabilas.
-Sí, ahora voy.
Cuando su tía se hubo ido, recogió el libro del suelo y lo metió de vuelta al cajón. No podía creer que hubiese hecho aquella estupidez de leer ese conjuro pensando que haría efecto, él no creía en todas esas tonterías, no tenían ninguna lógica, eran absurdas y muy poco creíbles.
Después de desayunar, su tía le chantajeó para que saliese a dar una vuelta por el pueblo y que fuera conociendo a gente de su edad; a él no le hacia mucha gracia, pero era eso o quedarse sin móvil lo que quedaba de año, así que cogió su skate, sus auriculares con su móvil y con la música casi a tope de volumen, fue a explorar aquel pueblo, más bien, siendo sinceros, estaba buscando una pista de skate, lo que hubiera de más, no le importaba mucho. Su búsqueda se convirtió en un decepcionante fracaso, así que decidió ir a la orilla de un río que quedaba a las afueras del pueblo para pasar allí el rato. Tal conforme se iba aproximando podía ver a una chica sentada en la misma orilla, iba vestida con un vestido de tirantes blanco, de piel era pálida y con pelo castaño claro que estaba recogido por una trenza que le llegaba poco mas por debajo del hombro ; cuanto mas se acercaba mas detalles podía apreciar de ella hasta el punto que sin darse cuenta se encontraba a tan solo un metro de ella mirándola descaradamente.
-Hola.
Una dulce voz se emitió de aquella extraña chica que dirigió su mirada hacia él. Quedó impresionado por sus inmensos ojos celestes y por su amplia sonrisa. -Tú no eres de por aquí, ¿verdad?
-Hola.- dijo timidamente -No, llegue ayer desde la capital
-Pues encantada, soy Laura.-
Se levantó y saludó con dos besos a Daniel, mientras tanto, el seguía en estado de shock por el simple hecho de que una desconocida le diera tema de conversión de esa forma cuando minutos antes le había pillado mirandola cual pervertido.
-Yo Daniel- dijo al fin.
Laura, la extraña chica que acababa de conocer, se sentó de nuevo y continuó obserbando el río; Daniel la imitó. Era un río con bastante caudal, al otro lado del río se elevaba un enorme árbol y múltiples arbustos en la orilla; en los árboles se podían ver unos precioso pájaros de coloridas plumas que piaban sin cesar y volaban de un lado a otro, el agua era cristalina, tan cristalina que se podían ver los pequeños pececillos que nadaban en ella.
Estaba observando aquel paisaje natural cuando le interrumpió Laura.
-¿Y dónde vives?
-En una casa bastante antigua no muy lejos de aquí
-¿La grande que está en frente de un pequeño parque?
-Exacto. -dijo Daniel sorprendido
Laura sonrió nostálgicamente
-Yo también he vivido allí-
-¿Y por qué te fuiste?
-Por motivos familiares- dijo ella desviando la mirada.
La conversión se había convertido un tanto incomoda y a consecuencia de eso hubo una larga pausa entre ellos. Finalmente Daniel le dijo que se tenia que ir porque sus tíos estarían preocupados por él y seguidamente le preguntó que si se podrían ver otro día, a lo que Laura le respondió que sí, mañana a la misma hora en la orilla del río.
Daniel se dirigió a su casa y extrañamente no pudo quitarse de la cabeza a esa chica durante el camino, bueno, ni durante el camino ni durante todo el resto del día, que se lo pasó tumbado en su cama mirando al techo y pensando en sus penetrantes ojos azueles.
A la mañana siguiente se despertó temprano, no podía seguir durmiendo de los nervios que tenía encima. Se levanto, se vistió, cogió su skate y salió tan temprano que sus tíos ni si quiera se habían despertado. Por muy temprano que se hubiese levantado Laura ya le estaba esperando. Se pasaban las horas hablando con aquella chica de ojos enigmáticos que conocía recientemente, le encantaba estar con ella, porque a su lado el pasado desaparecía, los problemas se evaporaban y había dejado de comerse la cabeza con aquel libro que muchos días atrás, apareció en su vida. En aquella orilla del río pasaron los días, jugando en el agua, hablando o simplemente callados, para Daniel su presencia allí era suficiente.
Pero no todo lo bueno dura eternamente, un día, como de costumbre, Daniel llegó al río pero Laura no estaba, decidió esperarla, pero no apareció ese día, ni el otro, ni del otro, ni una semana después. Llegó el día en el que pensó en ir por última vez, con la tonta esperanza de verla allí sentada, cuando llegó allí, como era de esperar, no estaba así que se sentó, como todos los días hacia desde que desapareció a esperarla. Al no estar ella todos los problemas volvieron, el pasado le consumía por dentro y aquel dichoso libro estaba en su mente. Instantes después se levanto y a toda prisa se dirigió a su casa, más concretamente, a su desván, cuando llegó, busco entre las cajas el álbum de fotos que había estado ojeando cuando llegó a aquella casa, cuando lo encontró, lo miró y un inquietante escalofrío le recorrió de arriba a bajo la espalda, no había ninguna duda, era ella pero ahora la pregunta era ¿Cómo? .
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