Para mi filósofo preferido; el cual asegura provenir del cielo
Capítulo 1:
Desde la ventana del coche veía pasar las casas y las calles, los árboles y los arbustos, más coches con sus conductores...En resumen, lo que sería su nuevo pueblo, donde viviría a partir de ese momento, la oportunidad que estaba buscando para poder corregir los errores del pasado, o quizás, poder cerrarlos con llave en el ático del alma, donde nadie sepa de ellos. Todos sus amigos, su antiguo instituto y todo lo que conocía, Daniel lo había dejado atrás, o mejor dicho, le habían obligado a dejarlo atrás. Daniel era huérfano, un golpe duro que le dio la vida cuando tan solo tenía siete años, ahora vivía con sus tíos, que aunque no eran los mejores padres del mundo le dejaban mucha libertad y le daban todo lo que necesitaba. Cuando creció se convirtió en un chico que tenía sus prioridades por bandera, es decir, estaba muy seguro de lo que quería y de lo que le gustaba y le era fiel a toda costa, no se dejaba llevar por modas pasajeras, solo se dejaba llevar por el skate y la buena música acompañado, obviamente, por su guitarra, pero, sobre todo, detrás de esa fachada de duro, era un auténtico poeta, algo loco también, pero como el decía: todos los verdaderos poetas estaban un poco loco, un joven filósofo, yo apostaría por decir que el mejor que ha habido hasta ahora, un chico raro pero extraordinario, de los que ya no quedan y las chicas les encanta; tenía el pelo rizado, unos ojos que ocultaban un gran secreto y unos labios que escondían la verdad.
El coche se detuvo, fue entonces cuando Daniel, enfrascado en sus pensamientos volvió a la Tierra y se percató de que a unos pocos metros se encontraba su nueva casa, era bastante grande, con un jardín grande y un garaje grande, sus tíos la habían conseguido muy barata en aquel remoto pueblo en el que era más normal ver una vaca o un rebaño de ovejas que al cartero. No muy contento con su nuevo hogar, decidió aprovechar el tiempo para inspeccionar las habitaciones y quedarse con la mejor hasta que viniera el camión con la mudanza. Subió al segundo piso. Pensó que era una casa demasiado corriente, así que decidió ir al desván a ver qué tal le parecía aquello, subió las pequeñas escaleras y lentamente se asomó hacia la habitación. Después de observar todo unos segundos decidió entrar; había bultos tapados con unas sábanas blancas y cajas de cartón cerradas que podrían ser de los antiguos propietarios, los que desaparecieron sin dejar ningún rastro, ninguna prueba, todo fue de la noche a la mañana.
Como estaba seguro de que nadie iba a reclamar esos objetos si no lo había hecho ya, optó por mirar dentro de una de las cajas; fotos. Si, exacto, fotos de los que Daniel supuso que fueron los propietarios de la casa, mientras miraba foto por foto podía apreciar que eran una familia de cuatro personas, un matrimonio con dos hijos: una niña y un niño; la hija mayor del matrimonio cuando se hizo las fotos tendría su edad, el pequeño como unos ocho años y los padres sobrepasaban claramente los cuarenta. El grito de su tía avisándole de que el camión de mudanzas había llegado le asustó y le sacó de aquel mar de fotos en color sepia que había en aquella caja. Cerró el desván y bajo las escaleras a toda prisa hasta llegar a la planta baja, donde decenas de cajas llenas de cosas de sus tíos y junto con muebles iban de un lado para otro, cuando por fin divisó sus cosas las dejó en un rincón y poco a poco las fue llevando hasta la habitación que el había escogido como suya, cuando lo hubo subido todo bajo a comer algo, ya que tenía un hambre que devoraba y después decidió que era el momento de seguir trasteando en aquel enigmático lugar donde anteriormente había estado y en el que no encontró mas que muebles viejos, mas fotos y un libro que contenía diversos apuntes, pero como estaba escrito con una ortografía algo extraña, no lo entendía del todo bien. Sin darse cuenta el atardecer había caído así que considero que ya era suficiente por ese día y que era hora de bajar a cenar, antes de eso dejo aquel libro en el cajón de su mesita de noche, para poder investigarlo más a fondo y cuando hubo cenado subió a su cuarto, coloco una lamparita en la mesita de noche y la encendió, se tumbó en la cama, abrió el cajón y saco el libro; por lo que pudo descifrar, eran conjuros o hechizos para revivir el espíritu de los muertos, él no era partidario de creer en los fantasmas y cosas por el estilo, así que lo cerró, lo volvió a meter en el cajón de la mesilla, apago la luz y se durmió.
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